Para quien haya leído alguno de los libros de Irène Némirovsky que la editorial Salamandra ha ido editando, le bastará con tan solo echar un vistazo a la sinopsis del libro para darse cuenta de la similitud de la historia que en él se narra con la propia vida de la autora.
Elena Karol, nacida en Ucrania, hija de un judío potentado y una bella mujer de origen noble que siempre ha despreciado tanto a su marido como a su hija. Esta va acumulando un odio intenso hacia su madre y su amante, al que ella, regodeándose en el enorme desprecio que siente por su familia, ha llegado a instalar en su propia casa. La familia, por razones económicas y sobre todo políticas, debe emigrar de Rusia a Francia y es entonces cuando Elena encuentra la forma de ajustarle las cuentas a su madre por todo el dolor acumulado.
Irene Nemirovsky, que sufrió una infancia muy similar a la de Elena y que acabaría sus días en 1942 en los campos de Auschwitz, escribió en 1935 esta su última novela. Una historia realmente asfixiante, que trata de un modo cruel y duro a todos los personajes que rodean a Elena: un padre ausente y “cegato”, una madre voluble y egoísta y un amante superficial y pervertido, vistos todos ellos a través de los ojos de una niña de 8 años. Así la autora da un auténtico puñetazo a su propia infancia, al abandono y la soledad.
Pero sin duda, también “El vino de la soledad” es una historia conmovedora, brillante y lúcida que hará disfrutar a los amantes de la literatura escrita desde las entrañas.





